Llevo ya mucho tiempo queriendo continuar mis reflexiones acerca del modo de trabajo filéico que venimos experimentando desde hace ya casi dos años y comencé en mi anterior post. Guardo algún borrador que pretendía llevar esta tarea a cabo en anteriores ocasiones, pero finalmente siempre me encontraba con una parte de la trama que no sabía como describir, llevar a cabo o solucionar. Por lo que decidí no publicar nada al respecto hasta que no pudiera responder esas preguntas.

Pues creo que ya estoy listo para hacerlo, seguramente este post me vuelva a plantear nuevas cuestiones, pero siento que hemos evolucionado y aprendido de lo hecho y por lo tanto es mi obligación moral continuar aclarándome las ideas.

He de reconocer que la frase de mi compañero Juanjo Pina de “No hay nada más práctico que una buena teoría”, ha acabado cayendo por su propio peso, y es que cuando empezamos nuestras andadas redactamos un bonito documento que debía ser revisado periódicamente y casi no volvimos a mirar. En este se establecían los principios básicos de la filé y los distintos niveles de compromiso con la misma, basándonos en la pirámide del compromiso ideada por nuestros compañeros de “Las indias“. En esta se plasman los distintos niveles de compromiso que una persona adquiere en una relación social y el valor que se espera este genere.  Pues siendo esta la base, fue lo primero que nos saltamos, en parte por inexperiencia y en parte por simple afinidad hacia las personas con las que en algún momento has compartido luchas.

Olvidamos que esa pirámide esta viva, y aunque una persona en un momento determinado se encuentre en el nivel de identidad, en algún momento pueden cambiar sus circunstancias y decantarse por la participación o incluso la adhesión. El problema es que tiene que ser esa misma persona la que se de cuenta de su situación y decida participar en la filé de otra forma, comunicándoselo a sus compañeros previamente. Pero no es así como nos hemos criado, en cualquier otra organización o empresa existen solo dos caminos de interacción, o adquieres responsabilidades o las pierdes para siempre. Y  por esto nuestra mente de alguna forma nos engaña, y nos dice que si perdemos esa posición nunca más la volveremos a recuperar.

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Y así es como hemos conseguido llegar hasta aquí, posibilitando que cada uno se posicionase en el nivel de compromiso que mejor se adaptase a sus circunstancias independientemente de cual sea este. Nos es indiferente si una persona solamente puede trabajar dos horas al mes o incluso cada trimestre, sigue siendo igualmente valiosa. Eso si, esas dos horas deben ser sagradas. Y es que, a mi juicio, sin ese compromiso sagrado no existe manera alguna de construir una comunidad resiliente y obviamente resulta imposible organizarse.

Nos encontramos entonces con que aquellas bonitas líneas escritas tiempo atrás habían sido entendidas y refrendadas por todos, pero realmente no habían calado en nuestra forma de funcionar. Precisábamos de un arduo trabajo y muchos tropiezos para ser conscientes de su valor y darnos cuenta de que la solución a todos los problemas que nos acontecían estaba en nuestras manos desde el principio.

Continuará.