Este no pretende ser un post de referencia, ni siquiera enseñar nada que no hayáis podido leer ya en cualquiera de los blogs de mis compañeros. Simplemente es una cuestión que perfora mi cabeza desde hace ya algunos meses, y he pensado que quizás escribiéndola pueda organizar mis ideas y aprender de otras con más experiencia que la de este humilde servidor.

Es muy probable que las cuestiones que aquí se plasman ya estén resueltas en las innumerables lecturas que los Aesir tenemos en el itinerario, pero como ya habréis podido deducir, muchas de ellas siguen pendientes para mi.

¿Quien lleva el timón?
Muchos de nosotros ya contamos con alguna experiencia trabajando en grupos organizados en torno a un propósito común, independientemente de que este acabase siendo remunerado económicamente o simplemente motivados por un puñado de ideas, que nos empujan a realizar tareas con ilusión y ahínco.
Aunque resulta obvio que estas personas necesitan dinero para vivir, por lo tanto, ese propósito común comienza por buscar un medio que les sustente en sus necesidades más básicas, para así poder dedicar todos sus esfuerzos a la “causa común”.
Este es el  de los menores, pero uno de los motivos por lo que los Aesir cambiamos el activismo “altruista” por el activismo de mercado, a través del cual pasamos de ser perroflautas callejeros a perroflautas de empresa.
Pero ¿Cómo se consigue que una participación que antes era movida simplemente por ideas se mueva además por un interés económico? Y lo más importante. ¿Qué hacer para que ese interés económico no acabe pisando al motivacional?
Porque es evidente que cuando uno participa en un grupo de forma voluntaria, nadie le va a exigir que cumpla unos objetivos, ni siquiera que se responsabilice de sus compromisos (aunque resulte un requisito imprescindible para el buen funcionamiento del grupo). Y esto hace que esta forma de participación sea cómoda a la vez que flexible.

Pero cuando nuestra intención es la de convertir esa participación en una responsabilidad, no solo movida por unas ideas, sino además por un fin económico. Esa flexibilidad se ve reducida de forma drástica, porque no es lo mismo tener una visita con un posible cliente o proveedor, que hacer una pegada de carteles.

En realidad no tiene por qué ser muy difícil. Coges a un grupo de personas que ya se sientan cómodas trabajando juntas, les das un puesto de trabajo que les realice, si antes ya funcionaban bien, ahora deben hacerlo mucho mejor, y mientras haya dinero todo irá bien. ¿Pero qué pasa cuando este no llega? ¿Continua esa motivación siendo tan pesada como antes?
Me atrevería a decir que si, por suerte hasta ahora he dado con grandes personas y profesionales, y estoy seguro de que, aun con algunas caídas, estos continúan aportando gran parte de sus energías en su trabajo.

Nos encontramos con un gran problema y es que, como bien es sabido por todos, mamamos de una educación concebida para la cadena de montaje. Y desde que nacemos nos acostumbramos a obedecer órdenes, lo que nos imposibilita en gran medida a tomar iniciativas.
Y esto choca de lleno con la motivación, porque por muy fuerte que esta sea, nuestra naturaleza nos lleva a intentar escalonarnos grupalmente de tal forma que si solo es uno el que controla a los demás, se encarga de repartir sus tareas y recordarles lo que deben hacer, todos funcionamos mucho mejor. Pero ya es bien sabido que ese es un sistema nefasto, porque cuando cae la cabeza, caen todos como peones.
¿Y que hacemos para que ese impulso no se apodere de nosotros?
Todavía recuerdo alguna de las asambleas del antiguo 15M, cuando algunos se empeñaban en seguir las directrices que marcase Madrid, aun considerándose asambleas horizontales.
Ese fue un comienzo que nos ayudó a muchos a entender  que el trabajo conjunto de unas pocas personas que persiguen un mismo fin puede ser muy productivo, y sobre todo eficaz. Aunque por otro lado también puede resultar siendo una gran pérdida de tiempo en discusiones que no llevan a ninguna parte.

¿Cuales son entonces las herramientas o recursos que debemos utilizar para conseguir incentivar la iniciativa de nuestro equipo de trabajo?

Hablaremos sobre ello en el siguiente post.